Kareem vive con sus padres en un barrio marginal de Lod (una ciudad
judeo-árabe a unos veinte minutos de Tel Aviv). La mayoría de sus amigos
de la infancia se dedican ahora a vender drogas a través de lo que
ellos llaman ‘cajeros automáticos’: agujeros en los muros de edificios
en ruinas que aprovechan para realizar sus transacciones. A Kareem no le
falta el afecto de sus padres músicos, quienes se preocupan
constantemente por el rumbo que toma la vida de su hijo y se esfuerzan
en guiarle por el camino recto, pero el chico se derrumba cuando su
padre muere en un accidente de tráfico.
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